miércoles, 10 de julio de 2013

Diario de Barcelona

Tarde de un jueves de primavera en Barcelona
Ya habían anunciado la llegada al aeropuerto El Prat, y recordaba que un par de años antes, había amenazado a esta ciudad con conocerla más a lo profundo. Llegó el día y estaba allí entre palabras prometidas.
Mi corazón latía a un ritmo acelerado. Mucha emoción.
Eran las 5 de la tarde y mientras aterrizábamos, mis pensamientos se convertían en una sucesión de momentos vividos.
Sin abrir la maleta miraba alrededor del apartamento donde viviría por 3 meses, y casi sin creerlo dejé el cansancio a un lado y fui a encontrarme con una amiga, cómplice de alegrías a quien tenía dos años sin ver.
Las escaleras de mi nueva vivienda, me conducían no solo a la entrada principal del edificio o a la salida, según el caso, sino a una entrada secreta del hotel «La Condesa de Cardona» que tenía su puerta principal por otra calle. También me llevaban a la portería que, con una puerta de rejillas se lograba adivinar el espacio mínimo concebido para la conserje que con sus bigotes marcados mostraba su mal humor y se encargaba ―cosa que viví los días subsiguientes― de vigilar el paso de todos, comer todo el día y de vez en cuando, limpiar las zonas erógenas de aquel edificio ubicado en el Barrio Gótico de la mágica ciudad de la Virgen del Mar.
Era mi primer día de 90 que me había regalado en Barcelona. Quería absorber la ciudad. Convertirme en serpiente, en águila, avanzar y descubrir la calle de «La Fiesta» donde cada vecino saca lo que tiene y lo pone al servicios de todo el que pase con banderas verdes, rojas y amarillas. Quería encontrar en algún bar una conversación inteligente, cualquier cosa que me encantara aún más, aunque fuera a Serrat, subiendo la cuesta en la calle donde se prendió la fiesta, o bebiendo con Sabina y adivinando las letras de sus canciones.
Ya en la calle  encontré que los caminos a mi alrededor eran felices todos, llenos de gente, colores de pieles, de cabellos, de ropas con colores a ritmo del Caribe.
Me detuve por un instante para hurgar un poco en mi conciencia y encontrar allí que la decisión de irme había sido la mejor, que no había destino alguno para culpas, que era un alma sola y capaz de decidir ser feliz a mi manera, sola, acompañada, en fin, conmigo, esa era mi verdad.
Debía llegar a un bar en Saint Andreu, creía recordar el camino y me enfilé hacia el mar. Me devoré las calles y sin darme cuenta llegué al lugar donde me esperaba mi amiga e hicimos la gran fiesta del encuentro, tropezábamos las palabras y sin dejarnos hablar, las historias se montaban una sobre la otra. Recuerdos, amores, desamores y por encima de todo, nostalgias que con el tiempo se habían tornado en espacios más suaves, risibles y amables. Nuestra conversación marcaba un hilo con el que habíamos tejido ya parte de nuestras vidas.
Una mañana de viernes sin cansancio
Acurrucada en una habitación tratando de descubrir en cada rincón mis nuevos espacios, un sonido característico me despertó. Las campanadas de la iglesia de María del Mar me llevaban uno, dos, tres, muchos años atrás hasta llegar a mi niñez y encontrar aquel sonido del Colegio Domingo Sabio, vecino de mi infancia. Mientras entraba el sol por una rendija, me enfrentaba a nuevas tareas en Barcelona. Debía terminar de escribir mi libro, ese era mi objetivo principal. Descubrir si ―como dicen algunos― el bolero había nacido en España. Tremenda provocación para los cubanos. Pero esa era parte de mis tareas. También había pensado que ese sería un buen lugar para encontrarme conmigo desde la soledad, la distancia, los cierres que pretendía hacer desde el primer día y abrirme a nuevas experiencias.
Nunca tuve miedo a la soledad, la verdad no, pero voltearla aquí boca abajo, en la luz intensa de mi misma esencia, confieso que sí me estremecía un poco. Recordé entonces aquel verso de Rafael Alberti:
«A la soledad me vine, por ver si encontraba el río del olvido. Y en la soledad no había más que soledad sin río»
La verdad es que este viaje lo planifiqué con la excusa de vivir distinto, por lo menos 90 días. Me antojé de hacer un capítulo sobre el bolero en España y era mi aparente único pretexto y si esto no es un pretexto, entonces ¿qué es un pretexto? ¡Bolero en España!
Hoy comencé a armar una agenda para distribuir el tiempo y poder hacer todas las entrevistas previstas e incorporarlas al libro, pero solo en mi imaginación convertida en deseo, porque ese ritmo no mueve a los españoles, es algo que está en muy pocas almas. Pensé. Por lo menos con los que había hablado de este tema antes de llegar a España, esos comentarios me llevaban a esa conclusión.
A bañarme y a salir a comerme el mundo, porque se veía apetecible y sabroso…
Reconocimiento de la zona, primer día 9 de abril
Bajé y caminé por la Ronda Litoral para despejarme y buscar dónde comer, moría de hambre ¿y cómo no? si eran las 2 de la tarde, había dormido más de 14 horas y mi cuerpo pesaba más de lo que parecía. Me di cuenta que estaba viviendo en un lugar tocado más por los ángeles que por los mortales. El edificio donde vivía tenía dos frentes, uno daba al Barrio Gótico, y el otro a ese largo boulevard que bordea el litoral mediterráneo y desde donde puedo espiar barcos, museos y el barrio marítimo de La Barceloneta,  lugar éste que se ha convertido en mi favorito. El barrio de los arroces más deliciosos del mundo.
La sensación de mi estancia en Barcelona desde  que llegué fue que siempre había vivido allí, cada lugar de mi nuevo vecindario me resulta familiar, intento hacer mis días como si de toda la vida se tratara.
Ese día era único, cada día se me convertía en el día, sin plantearme nada más. Una forma de vida expresada no solo en hacer lo que quería hacer, había algo más, estar sola y tener tiempo para verme a mí misma. Quería escribir y dejar que la pasión y las emociones estuvieran por encima de los miedos y dejarlas correr, andar, que se entrecruzaran entre mi alma y mi cuerpo, plasmarlas en algún párrafo, disfrutar de ese tiempo que era mío. Me había atrevido y aquí estoy.
Con esa sensación seguí recorriendo aquellas calles en silencio,  miraba, caminaba. Reconocí cada lugar. Entré al bar Marsella. Saber que ese era el lugar favorito de Picasso, Hemingway y Dalí, era suficiente para sentarme y sacar mi cuaderno de apuntes. Tomé unas tapas, me quedé un par de horas allí, sentada observando cada paso, cada mirada de la gente, trataba de descubrir en ellos sus ojos trasnochados, teñidos algunos de negro, cuerpos tatuados. Miradas de amores cómplices, caras alargadas y aburridas por el trabajo ―quizás― alegrías también, hurgaba y descubría quienes habían estado disfrutando la noche. Intentaba encontrar algo en cada uno, así comencé mi reconocimiento de la zona y de la gente. Saber que vivía tan cerca del Marsella me hacía sentir con alma de marinera, de artista, de gitana, qué se yo…
Eulalia y el cilantro, martes de abril
Pasaban los días y la mirada fisgona de la conserje a veces me inquietaba, pero los olores que de allí se escapaban me daba una sensación en mis papilas gustativas muy excitantes…todo olía a fresco, tal vez ella no.
Mientras recorría las escaleras que daban a ese primer piso de la portería, me abordó un olor familiar. ¿Cilantro? Sí, era cilantro, estaba segura, un olor nada español. Me sorprendió a tal punto que me detuve en su puerta y le pregunté que me parecía un poco extraño ese olor, pero muy agradable, haciéndole creer que no lo conocía.
Con desconfianza abrió la puerta de rendijas por donde me espiaba cada vez que bajaba y subía y lo menos que esperaba ―en ese momento― era  una clase acerca del origen de esta hierba aromática.
―Esta es una planta que en la antigüedad se usaba con poder medicinal en el Oriente Medio y que era además una ofrenda a los muertos.
Yo impresionada con la soltura que me hablaba del origen del cilantro, atónita y ya sentada en un espacio de 3 por 5 metros, no más, toda mi percepción de aquella señora cambiaba en un segundo.  Me dio a probar unas anchoas con tortilla y pimientos de piquillo y el plato acariciado por ese olor del cilantro. No lo podía creer. Estaba encantada con aquella degustación y esa historia que ella continuaba como si se la hubiese aprendido para mí.
Los españoles y especialmente los catalanes y vascos son muy aferrados a sus costumbres culinarias, así que el tema del cilantro en la cocina de Eulalia, no me dejaba de impresionar.
Me contaba que su hijo Bernat había vivido 10 años en Yemen, ahora estaba en Madrid y ella entrecruzaba la historia del cilantro, Yemen y Bernat con mucha sabrosura. Me  aconsejó que pusiera hierbas de cilantro debajo de mi almohada si algún día me dolía la cabeza y al despertarme, ya estaría sin dolor.
―Claro, aquí no es fácil de conseguir.
Me advirtió. Pero me dio una dirección donde podía conseguir muchas hierbas, el cilantro entre otras.
Seguía sorprendida con los cuentos de Eulalia, tanto como la degustación de aquel plato con cilantro. La combinación de mi sabor con los sabores de ella, o más bien de España, de Cataluña. Desde ese día, fuimos amigas y ya no necesitó espiarme más, porque me preguntaba directamente qué hacía, con quién me veía, qué comía, qué fui a hacer a España y cualquier otra pregunta que se le ocurriera.
Increíble sentirme tan bien con Eulalia, ¡qué mujer! Era toda una sorpresa

Un ring y una invitación: «tienes una entrevista con Antonio Machín»
―¿Te vienes a Madrid el viernes?
Era la voz de un viejo amor que se renovaba cada tanto― lo contacté antes de llegar a Barcelona, para contarle de mis planes, él estaba muy al tanto de mi libro y me invitaba el fin de semana a Madrid para conocer a Antonio Machín. Claro que no era el mismo, el de «Los angelitos negros», era un periodista que se llamaba igual, pero que había conocido al cantante 20 años atrás y le había hecho una entrevista, así que a Alberto ―mi amigo, mi viejo amor― le pareció una buena excusa para vernos y encontrar en Machín, algún lado interesante sobre el otro Machín para incorporarlo a mi libro.
De inmediato respondí
―Sí
Era maravilloso porque no tenía que dejar nada listo para irme, vivía el día, el momento, nada qué preparar, solo un maletín, buscar el boleto en la estación Francia que me quedaba muy cerca, llegar media hora antes, solo por la costumbre latina de que las cosas no funcionan y por si acaso…lo demás estaba listo.
Le conté a Eulalia que iría a Madrid, porque me imaginé que me podía dar algo para su hijo, me hizo pasar y adiviné su soledad. Esta vez probé un caldo con chorizos. Mientras lo disfrutaba, me contó algo de su hijo entre palabras confundidas, me dijo que algún día me contaría más de su historia. No quise preguntar nada, pero tampoco era difícil imaginar que algo se había roto entre ellos y los placeres del paladar eran para Eulalia un desahogo, una catarsis tal vez, su bolero.
Y por eso me atreví a preguntarle si le gustaba el bolero, adivinando que no sabría de qué le hablaba, pero con la excusa de cambiar el tema. Me sorprendió ―nuevamente― cuando me dijo que le gustaba Moncho, el gitano catalán que cantaba boleros en esa lengua, sacó un par de discos de pasta y me dijo que al regresar de Madrid fuera para cenar con ella y escuchar boleros.
Eulalia es una cajita de sorpresas.
Me dispuse a hacer mi maleta pensando en ese fin de semana en Madrid y me hacía mucha ilusión.

Viernes, sábado y domingo
Llegué a la estación Francia a las 8 de la mañana, el tren salió a las 8,25. Todo era perfecto, suave, agradable. Llevé para mi viaje el epistolario de Sigmund Freud que compré en una librería de libros usados en el Barrio Gótico. Era una recopilación hecha por su hijo Ernest Freud de las cartas que su padre había enviado a amigos, colegas e hijos con la intención de mostrar al mundo un  cara distinta de su padre, no solo la del médico psicoanalista, sino la del hombre, el padre, el amigo y entre paisajes y Freud, el viaje se me hizo muy corto y al llegar a la estación de Atocha estaba Alberto esperándome muy sonreído y con un programa para mí, tan especial como él.
El itinerario comenzó con un paseo por Madrid esa tarde, me tenía reservada un par de horas al museo Thyssen, porque sabía que me encantaba. Casualidades de la vida que había una retrospectiva de Luciano Freud, artista británico que plasma en su trabajo el cuerpo y las emociones. Seguía la agenda de viaje y el almuerzo estaba contemplado en un restaurant Marroquín, que se llama «La cocina del desierto». Muy a lo madrileño, a las 11 de la noche era nuestra cita con Antonio Machín en un bar tranquilo, escogido especialmente para una conversación como esa.
Llegamos a la hora y Machín, colega periodista nos esperaba con un dry Martini, y un gesto de placidez, sentado en la barra.
Fue una grata conversación, me contó de la sencillez de aquel hombre, su tocayo, que había estado casado con una sevillana y se quedó en España para siempre, que cantó y vivió una vida entera para el bolero. Machín, el periodista me dijo «El bolero nació por allá» refiriéndose a América; él descarta el nacimiento del bolero en España. Como fue descartado por todos los entrevistados. Esa era mi pregunta central, quería provocar a los latinos, especialmente a los cubanos, con la teoría de un posible nacimiento del género en España, pero no, no fue así.
Machín seguía hablando de Machín y me contaba de su biografía y hasta un dicho recurrente en España entre personas de edades serias que es «eso está más sonado que las maracas de Machín»
No imaginé que al despedirnos, sería para siempre, Machín, el periodista, era uno de los mejores amigos de Alberto. Y me decía hace unos días cuando murió, «Madrid no es lo mismo ya. Antonio era el verbo de la noche». (NOTA APARTE)
El sábado era día de paseo y más comida, pero esta vez comimos saltando, es decir, de lugar en lugar, empezamos con unas sardinas acompañadas de una sidra asturiana, luego caminamos y fuimos a otro bar de la zona de Chamartín y comimos aceitunas, albóndigas y calamares, esta vez con un afrutado vino blanco. Había que probar un chorizo hecho por un octogenario y cumplimos con ello, hasta  llegar a la hora de descanso porque la frittata, como también se le llama el tapeo en Madrid, había hecho lo suyo.
El domingo, ya era un día de despedida y para recorrer El Rastro, un mercado fascinante. Alberto me llevó directamente a ver los radios antiguos, aparatos que por muchos años coleccioné hasta que los espacios de mis casas hicieron reducir mi colección. Por fortuna, algunos están en manos de amigos queridos.
En El Rastro encontré un olor a cilantro nuevamente y le conté a Alberto la historia de Eulalia, él me dijo que sí, en efecto, desde hace poco tiempo en España empiezan a cruzarse olores y sabores venidos de muchas otras partes, incluyendo el cilantro ―que no gusta tanto como en América― y frutas tropicales como mango y piña que aunque son consideradas a precios de joyería, son muy cotizadas y bienvenidas a las mesas de los españoles de buen paladar.
Ya llegaba la hora de despedida en Atocha, muchas cosas buenas del fin de semana. Con mi amor recurrente todo tiempo pasaba bonito. Un abrazo y un adiós. Otro.

Lunes, hay que empezar a escribir
Hoy tengo algo más de una semana por estos lares y siento que he vivido tan intensamente que me parece un año.
Es hora de comenzar con mi tarea. Me hice un horario. Dormir hasta que ya se acabe el sueño, levantarme ir a caminar y dedicar por lo menos 10 minutos a Eulalia, desayunar, sentarme a escribir hasta las 5 de la tarde. Claro que había comenzado a la 1. Acicalarme y hacer el recorrido de bares y lugares donde quería estar con amigos, a quienes tenía tiempo sin ver. Comer, conversar, disfrutar. Estaba segura que ordenada así, podría hacer todo.
Ese lunes era un día de lluvia, gris y un poco triste por lo menos para mí. Aunque en primavera, pero el clima cambia y hoy se pone a mi favor para poderme quedar en casa y arrancar esta crónica sobre el bolero en España. Aunque cualquier excusa siempre será buena para escribir, tomar vino y pensar en lo maravilloso que es amar a través del bolero, entristecerse recordando historias y sabiendo que siempre habrá un bolero que te haga amar de nuevo. Es como si con el bolero pudieras manejar las emociones y colocarlas de acuerdo con las necesidades del corazón, por eso escucho boleros mientras escribo, practico los estados de ánimo, los gozo y a la final tal vez hasta logre el objetivo, aún no sé cuál será, a veces estar triste y otros  alegre, emocionada, meditabunda, en fin, todo vale siempre que el bolero ayude en esa transformación.
Con la ayuda de esa conversación de fin de semana, arranqué mis primeras páginas del último capítulo, en mi cabeza rondaba la invitación de Eulalia, escuchar a Moncho cantando boleros en catalán me resultaba seductor. Debo confesar que también me animaba algún plato de esos que desafiaban mi paladar.
Esa noche tenía la excusa de entregarle un recuerdo de Madrid a Eulalia, bajé a llevárselo y me invitó a pasar, levantó el teléfono y dijo: «veuen que ha arribat». Me miró y me dijo, viene Adriá, él trabaja en el hotel y le gusta el bolero, ya le hablé de ti y quiere conocerte.

Llegó Adriá, un joven tatuado que de lo menos que tenía cara era de ser amante del bolero, pero comenzamos a hacer lo propio en casa de Eulalia, comer, ella enchufó un tocadiscos, luego de desempolvarlo y puso el disco de Moncho cantando en catalán. Mientras lo escuchábamos, Adriá me hablaba de Mayte Martín, otra catalana, una de las representantes más admiradas del flamenco en esta región y una de las mejores voces femeninas de toda su generación —si no la mejor— que había grabado dos CD’s de boleros. Ella ha cantado con Moncho y con Omara Portuondo. Me habló de Lucrecia, una cubana – catalana. También me contó de Antonio Machín. Soltaba algunos nombres como Martirio, Luz Casale y se transformaba, era como si desdibujaba los tatuajes de su cuerpo.
Escuchar a Adriá hablar con tal propiedad del bolero me hizo pensar que estaba en el lugar perfecto. Mis amigos catalanes me hablaban de bolero como piezas de intelectualidad que no pasaban jamás por la emoción. Pero ellos dos sí sabían de lo que hablaban, Adriá conocía a Mayte, Omara, Machín, Lucrecia. Eulalia admiraba a Moncho. En Barcelona sí había almas de boleros -pensé. Subí a mi apartamento a buscar música, les presenté a otros cantantes cubanos, venezolanos. A las 2 de la mañana Felipe Pirela cantaba Únicamente tú eres el todo de mi ser,  en aquel lugar con olores maravillosos, ya ―a esas horas― el olor más fuerte era el de un vino de Rioja que llevó Adriá. Esa noche fue larga, Eulalia ni miró por las rendijas. Todo era bolero, vino y recuerdos.
Ninguna noche habría sido mejor que esa para celebrar que ese día había comenzado a escribir mi crónica sobre el bolero.
Mi conclusión fue que el bolero no nació en España, definitivamente su cuna es Cuba, pero valió la pena la excusa del viaje…Los días siguieron, se completaron los 90 como estaba previsto. Terminé el capítulo y con él, el libro. En enero del año siguiente, estaba bautizando «La noche de anoche», el libro que contenía el capítulo de España. Alberto fue el padrino, además escribió el prólogo y continúa siendo un amor recurrente.

Eulalia murió, Adriá ya no está en el hotel La Condesa de Cardona, pero tiene el libro en sus manos, eso sí lo sé.

lunes, 29 de abril de 2013

Una inmensa duda avalada por un grupo de cómplices


El tema que nos ocupa a los venezolanos desde el pasado 14 de abril, no es otro que el de conocer la verdad en medio de una situación de odio y venganza, que por lo menos yo, no recuerdo haber vivido jamás en mi país, y esa verdad la conoceremos con o sin cómplices que ayuden a ocultarla.

Todos percibimos la trampa en el ambiente, todos sentimos y sabemos que no es normal lo que se vive en Venezuela. La cínica aparición de la rectora (en minúsculas, claro) aduciendo que no se puede hacer la auditoría como lo ha solicitado el Comando Simón Bolívar es parte del colofón de cosas sin mesura. La conducta de un gobierno de «mientrastanto», como lo ha llamado el gobernador Henrique Capriles, deja mucho qué pensar con esa actuación hostil, de persecución que se corona con la detención reciente del general Antonio Rivero por denunciar la presencia de cubanos en nuestras Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas. Cosa que de paso, la conocemos desde hace tiempo, solo que el general Rivero dio detalles y tocó la fibra de la verdad, valor que este gobierno no conoce y patea.

Pareciera que las cosas andan al revés y sí, así andan. 

En medio de este ambiente abstracto y al revés hay una comparsa de Presidentes que ha avalado no solo el fraude, que ya es bastante, sino que han atentado  contra de la democracia en la región. Un altanero como Rafael Correa que se atreve a insultar a quien obtuvo más de la mitad de votos de los venezolanos, lo hace por CNN con el mayor desparpajo.

El problema de Venezuela, no se circunscribe solo a lo que pase en el casi un millón de kilómetros cuadrados que tenemos, se extiende a toda la región, eso lo saben muy bien todos los gobiernos, hablo especialmente de los menos clientelares, y digo menos, porque TODOS han demostrado ser clientes, por encima de demócratas. Las prebendas, el petróleo, los negocios han sido más fuertes que un pueblo que clama por justicia y por democracia, un pueblo que  acudió a las urnas y le robaron las elecciones, y 3 días más tarde toda esta "parranda" de presidentes legitimaron esas elecciones. 

Alguien dijo en twiter que el único sincero había sido Evo Morales que dijo claramente que había que estar en la reunión de UNASUR para apoyar a Maduro como nuevo presidente, y en efecto, al pasar de los días nos dimos cuenta que fue ese el motivo de la reunión. Sin emargo, otros como Santos, Piñera y hasta el mismito Rajoy con su PP recalcitrante y anti comunista, pero es que los negocios mueven montaña, aparentemente accedieron si se contaba voto a voto, cosa que la señora del CNE no hizo, los burló también armando toda una tramoya alrededor de la auditoría con artículos, números y argucias, muy rápidamente desmentidas, por cierto, por un video del año pasado donde el mayor artífice de las vagabunderías explica cómo se hace la trampa. ¡Qué triste!

Vargas Llosa y Plinio Apuleyo han llamado lo sucedido en Venezuela, por su nombre y de ahí el título de este artículo. Los presidentes de la región han sido cómplices y no silenciosos de una incertidumbre, de un fraude, de una trampa que -segura estoy- costará muy caro a toda la región, han sido cómplices de un gobierno persecutor, corrupto, mentiroso, tramposo, ineficiente y grotesco. A simple vista se ve que lo que aquí sucede "huele a quemaó". Ojalá en este futuro incierto que vive Venezuela, el costo no sea de vidas y estos presidentes algún día les toque un encuentro con su conciencia.

Espero que el final de esta historia sea el inicio de la paz, del diálogo y el progreso en el país, ya Venezuela no puede con más confrontación, y la comunidad internacional, sería justo que voltee a ver, un país que siempre pensó en sus pueblos, en su democracia, por encima de los intereses económicos. Pero lo que a diario veo, no pareciera ser el lead de esta historia.

Las complicidades en un entorno de violencia y venganza, pueden costar muy caro. Ojalá la comunidad internacional observe con equilibrio lo que vivimos a diario en un país que está en manos del odio. Tome nota y de una respuesta, por lo menos, para que puedan dormir en paz.

miércoles, 24 de abril de 2013

El ventajismo y la humillación contra los venezolanos vienen de distintos flancos


No hay duda para ningún venezolano que hemos vivido días aciagos, impregnados de tristezas, de coraje, de indignación. En algunos casos hasta de parálisis,  casi todo causado por el excesivo abuso, lenguaje violento y ventajismo que hemos vivido frente a una verdad, por la que aún lucha más de la mitad del país.

Los abusos, los hemos vivido desde distintos flancos. Desde el gobierno, aunque no me acostumbro, pero es parte ya de lo cotidiano y sino para muestra un botón, la campaña electoral que acabamos de finalizar y con ella un triunfo que más de la mitad del país no reconoce hasta tanto no se haga un reconteo ―amparado en las leyes―y se aclare una situación que ha colocado a Venezuela en una de las peores crisis políticas que hayamos vivido.

Pero me tocó vivir algo tal vez más grave, tratándose no solo de una empresa privada, sino que además es extranjera, donde el abuso, el ventajismo hacia el gobierno y la falta de respeto, coronó una visita que hice a Telefónica, Movistar, en el Centro Canaima de Caracas.

El martes 9 de abril, es decir 5 días antes de las elecciones fui al piso 9 de esta empresa a objeto de solicitar unas tarjetas para un call center de estudiantes, si era posible ello. Mi sorpresa cuando llegué allí y me encontré con un señor que vestía desde la cabeza hasta los pies con propaganda del candidato oficialista. Mi primer impacto fue ver el contraste entre lo corporativo y aquello tan exagerado y, una vez más, abusivo. Lo más dramático fue escuchar a la jefa de la oficina ―como ella misma se autodenominó―llamarlo teniente, entregarle cajas y cajas de celulares mientras le mandaba «muchos a saludos al general y dígale por favor que él me pidió 10 celulares y le estoy mandando 15, me pidió tantos fijos y le estoy mandando tantos más»… Así sucesivamente fue enumerando el contenido de las cajas y diciéndole que mientras el general le pedía tantos, ella le estaba enviando muchos más. Estas cajas «el teniente» las llevaría en una camioneta de CORPOELEC, como él mismo le informó a la señora, cuando ésta buscó ayuda con un empleado de MOVISTAR para que lo llevara a tomar un taxi. No sin antes hacerle la advertencia ―al trabajador de la empresa― que lo esperara hasta que se montara en el vehículo porque lo que llevaba el teniente era muy costoso.

Estaba anonadada con lo que estaba viendo, y además, frente a un grupo de venezolanos, trabajadores de esa empresa, cuando esta señora con el mayor desparpajo halagaba al teniente disfrazado con la ropa de campaña de Maduro, y enviaba saludos al general. Cuando pasó a mi lado, con una voz casi susurrada le dije: «Estas son nuestras Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas». La señora de inmediato  me invitó a entrar a su oficina. Oh sorpresa, ver a la señora en cólera por mi comentario, inmediatamente me amenazó mandar a llamar a la seguridad para que me sacaran de la oficina, porque ella no me permitía ese comentario. Por supuesto, no dejé que esto sucediera, porque de inmediato salí por mis propios pasos.

Mi primera reacción de indignación fue preguntarme si este era el trato de una empresa multinacional a una persona, a un cliente, a un venezolano.

Me preguntaba qué la había ofendido tanto,  sería el sentirse descubierta por su simpatía con este régimen. Cualquiera tiene derecho a elegir lo que le dicte su conciencia. Solo que lo corporativo, en las empresas, se supone debe privar por encima de filosofías personales, más en un país tan polarizado como el nuestro. Igualmente una empresa puede regalar a quien quiera lo que quiera, total son sus productos,  pero hablamos de las FANB, en manos de un teniente y disfrazado de rojo.

Me sentí vejada como clienta ―de cerca de 20 años― de esta empresa multinacional y pensé cómo una empresa a la que se le abren las puertas en un país es capaz de faltar el respeto, a clientes y empleados de esa manera, dando un trato adulante a funcionarios de las Fuerzas Armadas Bolivarianas de Venezuela, quien violando todas las normas vestía de la manera como ya lo he descrito.

El asunto es que la humillación y el ventajismo lo vivimos en este país a todos los niveles. Simplemente me pregunto qué sentirán millones de venezolanos al saber que su operadora telefónica es parte también de esos abusos y contribuye al ventajismo, por el que millones estamos luchando para hacer de Venezuela un país de todos.

¿Será que los venezolanos estamos en total indefensión?

Mientras tanto, la lucha sigue y el encuentro de todos los venezolanos será por la verdad, por la paz y el  diálogo que nos permita a todos eliminar el abuso, tanto de lo público como de lo privado, Venezuela no merece esto.


miércoles, 6 de marzo de 2013

¿Grupos irreconciliables?


Después de todo,
la muerte es sólo un síntoma
de que hubo vida

Mario Benedetti


Es normal y era de esperarse que la muerte de un líder como Hugo Chávez causara pasiones, delirios y furores en el mundo entero. Un hombre amado y odiado por propios y extraños, controversial, altanero y narciso; en fin, con características muy particulares que ―por fortuna― no son muy fáciles de copiar, más sí tendrá adeptos a la imitación, no me cabe duda.

Apenas a 24 horas que se dio la información de la muerte de este caudillo, las informaciones de medios electrónicos, digitales, etc., han inundado al mundo, pero no ha dejado de sorprenderme la ponderación que se le ha dado, como si de un salvador o libertador se tratara.

Venezuela en los últimos 14 años ―y tengo que recordarlo― ha pasado a ser uno de los tres países más peligrosos del mundo, sumando en su haber cerca de 200 mil muertos en manos del hampa.

Decía en entrevista a CNN en español, Enrique Krauze, autor mexicano del libro «Entre el poder y el delirio», que a pesar de todo, a Chávez no se le podía culpar de muertes, se refería, me imagino al paredón de Cuba o algo similar. Salté del sillón, porque un número de asesinatos como este que he señalado, y en la más absoluta impunidad, debe tener un responsable. Cuando vemos cada semana sumar y sumar asesinatos, sin que nada ocurra, no me queda otra que pensar que esto es parte de una política de Estado. Entonces sí hay muertes en su haber.

Cuando voy a Valencia en 5 horas y recuerdo que cuando era una niña, solo me tardaba 2, entonces pienso que el país ha retrocedido, porque lejos de construirse una infraestructura en el país, la existente se ha destruido.

Muchos de mis amigos tienen la fortuna de ser abuelos, pero son abuelos 2.0 abuelos de skype, ven a sus nietos crecer a través de una función de la computadora, porque sus hijos tuvieron que emigrar por falta de trabajo, por la inseguridad o simplemente por perseguir una oportunidad. Siempre he creído que un país de emigrantes no es un país que tenga un gobierno sano, más aún cuando no ha sido la tradición de Venezuela.

Por primera vez, hace un par de años escuché la palabra pran, aún no sé de dónde salió, pero sí sé qué significa, porque la realidad cruda de nuestras cárceles, incluyendo el número aterrorizante de muertes me ha enseñado que los pranes son una especie de gobierno dentro de esos recintos con quiénes se negocia la vida, «la paz» y hasta los lugares donde se puede dormir. Esas negociaciones pueden incluir hasta la vida, ni qué hablar de los valores.

He visto los más dislocados insultos, los he oído hasta con atención y he sentido en muchas ocasiones que lo dicho es conmigo. Esto lo he escuchado a través de medios del Estado, financiados por los venezolanos, también en la más absoluta impunidad; porque el país tiene 14 años partido en dos toletes que parecieran irreconciliables; uno de esos grupos detenta el poder, el abuso y el uso de medios para decirle a la otra mitad de los venezolanos que son o somos unos oligarcas de la ultraderecha, asesinos y golpistas y hasta con las nalgas blancas, como si esto fuera un pecado. Todo por no comulgar con el otro grupo. Esa división cancerígena de la sociedad venezolana tiene también un responsable.

En mis años de vida que no son tan pocos, no había visto jamás enfermos en camillas y sillas de rueda llamando la atención a las autoridades por falta de insumos en los hospitales, por falta de equipos para hacerse diálisis, tratamientos contra el cáncer, entre muchas otras enfermedades o padecimientos.

Jamás había escuchado el abuso materializado en la palabra EXPRÓPIESE, como un sentimiento revolucionario para echarle una vaina al oligarca, oligarca que muchas veces fue el dueño de una bodeguita en Catia o el dueño de un negocio que había sido manejado con prosperidad para caer en las garras de la ineptitud, de esto último hay casos a granel.

La pobreza cambió, es verdad, pero no se transformó ni en educación ni en ciudadanía. Se convirtió en bloques ranchificados a lo largo de una Caracas maltratada, ranchos verticales entregados a personas necesitadas a cambio de una ideología, de un desgreñado populismo, improvisando las entregas en fechas previas a elecciones, donde los habitantes no tienen ni agua, ni bajantes de basura y en muchos casos ni estacionamientos. Viviendas matrechas, muchas de ellas. Colegios bolivarianos donde se demuestra su piratería al detectar que ni un solo hijo de los revolucionarios estudian en esos colegios, si esto no es una prueba, que me digan cuál es.

¿Han sido visibilizados los pobres? Con responsabilidad diría que utilizados en la más profunda de su nobleza, de su ingenuidad o peor aún de sus necesidades. Si se han visibilizado, en regalos de líneas blancas, televisores, pero a cambio de una dignidad que no puede tener precio jamás.

Hoy los venezolanos tenemos un reto insoslayable frente a lo que está sucediendo. Chávez ya no está, el reto es no perder el rumbo, enfocarnos a dónde queremos ir. Basta de incongruencias de un lado y del otro. Tenemos un espacio por recorrer donde la emoción pareciera ganar terreno, porque no me cabe duda que uno de los dos grupos utilizará esa emoción para alcanzar la meta electoral. Del otro lado estará el mantenerse en equilibrio, pensar y darnos cuenta que tenemos ―si se respeta la Constitución― solo 30 días para definir el destino del país.

Vienen tiempos difíciles, fueron sembrados por un hombre que ha sido y seguirá siendo controversial. Dejemos a la vida y a la historia su figuración, pero hagamos nosotros de estos próximos días un momento crucial de buena voluntad, imaginación y mejor comportamiento por una Venezuela unida y de todos los venezolanos. Sí cabemos todos. Estos 14 años son el fin de una historia. Hoy se abre una nueva página, ojalá sea la de un país como el que todos queremos, unidos por la paz, el trabajo y el amor. «Después de todo, la muerte es solo un síntoma de que hubo vida»



sábado, 1 de septiembre de 2012

Un pajarito azul anunciará los resultados electorales


Las redes sociales, como nunca antes, serán definitivamente un punto de encuentro y un salvoconducto para estar bien informados en las próximas elecciones del 7 de octubre.
Y este amigable pajarito azul, evitará madrugonazos
Anuncia los resultados del 7 de octubre 


Todas las mesas de todos los rincones del país tendrán cómo instantáneamente, informar los resultados. Para ello, será necesario ser muy responsables a la hora de retuitear información.

Sabemos, que el tema de las redes sociales se ha discutido y en algunos casos, han sido puntos de controversia  en espacios donde la libertad de expresión es un punto de encuentro.

Recordemos que a principios de año, el presidente Chávez dijo que «internet no podría seguir siendo un territorio libre, donde cada quien diga lo que quiere, por lo que tenemos que imponer normas…»

Días después de esta afirmación que hiciera el presidente Chávez apareció, por «pura casualidad» una declaración de la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz quien decía en esa ocasión que la red no puede ser un territorio sin ley.

Si bien es posible controlarlas o tumbarlas, si fuera necesario hacerlo para este gobierno, porque se vieran afectados y seriamente amenazados ¿Cómo controlar la información por estas redes en el exterior?

Las elecciones del próximo 7 de octubre no solo interesan a los venezolanos, quienes somos ―por supuesto― los principales afectados e interesados, sino que seremos el foco de atención en todas partes del mundo. Así que de suceder algo en el país, quedaría al desnudo ante el mundo cualquier posible trampa que quisieran jugarnos, además si esa fuera la decisión, dado que todo el sistema de telecomunicaciones, sabemos es controlada por el gobierno, las noticias sobre cómputos, situaciones en centros de votación, etc., estarán a la orden del día no solo en Venezuela sino en el mundo entero.

El próximo 7 de octubre cada venezolano se convertirá en un corresponsal en cualquier lugar del globo donde se encuentre, también el exhorto es a ser serios y no prestarse a publicar informaciones no confirmadas que pueden estar llenas de malas intenciones y confundir así el proceso.

Tenemos un arma de doble filo en nuestras manos, hagamos el mejor uso de ellas para que esta vez no haya madrugonazo posible, juntos y con responsabilidad, el pajarito azul será quien diga el próximo 7 de octubre que Capriles es el Presidente de Venezuela!

domingo, 19 de agosto de 2012

¿Quién dijo miedo?


Un 4% de ventaja lo tiene la oposición desde el 2010

En la guerra de las encuestas y los numeritos, muchos se sorprenden de que ya Henrique Capriles Radonski lleve unos 4 puntos de ventajas, según algunas de las últimas encuestas realizadas por las más serias de las encuestadoras.

No entiendo por qué tanta sorpresa. Si recordamos que la bancada de la oposición de  la Asamblea Nacional ganó con el 52% de los votos en el 2010, según el propio CNE, que esto, ya es mucho decir;  entonces simplemente la oposición desde hace 2 años tiene por lo menos esos 4 puntos de ventaja por encima del candidato del gobierno.

Esa situación —por cierto— generó una serie de comentarios en su momento, no sé si reflexiones, entre las propias filas de los oficialistas. Recuerdo que un artículo de Alan Woods, el británico trotkista y marxista, amigo del proceso venezolano,  en su análisis a distancia, decía al referirse a los resultados electorales: «Mientras que el voto de la derecha aumentó en un 2,28%, el voto de la izquierda cayó fuertemente en 14,44%. Esto significa —agregó Woods en el 2010— que la oposición no ganó; los chavistas perdieron»

Con o sin juegos de palabras, la oposición obtuvo un porcentaje por encima, ¿qué puede haber hecho de bueno este gobierno en los últimos dos años para transformar esas cifras a su favor? Remontar un 14,44% en dos años que lo que se ha visto es destrucción del país, abusos y aumento de la inseguridad, solo por mencionar parte del fracaso revolucionario, sin hablar de la fulana enfermedad convertida —según algunos— en Misión Lástima, no creo que sean acciones para que el Presidente saliente logre cambiar el ritmo aritmético.

Si seguimos haciendo ejercicios de memoria, podríamos recordar que la participación de esas elecciones parlamentarias fue estimada en el 67,5% es decir, cerca de 11,8 millones de ciudadanos que acudimos a las urnas, lo que convirtió al proceso comicial en uno de los más concurridos de la historia en los últimos años, con esto quiero decir, que no he tomado un modelo de alta abstención para indicar que ya en el 2010 la oposición estaba por encima del oficialismo.

Si Henrique Capriles Radonski sigue acercándose a la gente, de la manera como lo está haciendo, si el entusiasmo sigue creciendo entre los venezolanos por apostar a un país con futuro y progreso, donde las cosas funcionen, todo indicaría que ese 4% que ya viene desde hace 2 años aumente vertiginosamente y el número de votantes a favor de «El Flaquito» supere todas las expectativas.

No es un secreto para nadie el hartazgo que vive el venezolano, la burla del día a día por parte del gobierno nacional, el país cayéndose a pedazos (y esto es literal), los cientos de asesinatos de los fines de semana, la falta de hospitales, la corrupción y pare usted de contar.

Las cartas están echadas, el enfoque es a votar e insistir en la secretividad del voto; los venezolanos hartos y el gobierno fracasado ¿Quién dijo miedo? ¿El 4% por ciento? Eso es nada para la avalancha que está por llegar.