lunes, 7 de mayo de 2012


«Bernardo Álvarez, Viceministro de Energía y Minas  -para entonces- me pidió que no diera mi versión»

Así lo expresó, Dag Mork Ulnes, quien fuera el Embajador de Noruega en Venezuela en el 2002

Uno de los testigos más buscados con respecto al caso de la supuesta toma de la Embajada de Cuba por Henrique Capriles Radonski, Alcalde del Municipio Baruta, para aquel momento, fue el Embajador de Noruega, porque intentó mediar en el caso, por petición de Bernardo Álvarez, pero no fue necesario, según le dijo por teléfono, el propio Embajador de Cuba.
De esta información es mucho lo que se ha hablado. Lo que se ha dicho poco, es que Bernardo Álvarez Viceministro de Energía para aquel momento, cuando vio que no era necesaria tal mediación porque el hoy candidato a la presidencia estaba tranquilamente dialogando con Germán Sánchez Otero, Embajador de Cuba, hizo presión al Embajador de Noruega para que no diera su versión, es decir, para que no dijera la verdad. A esta solicitud Dag Mork se negó.
Recordar es vivir, y siempre vale la pena recordar aquellos terribles días de abril del 2002 cuando tantas cosas sucedieron y en torno a él se han contado tantas historias. La que traigo aquí es contada por uno de sus protagonistas, el para entonces Embajador de Noruega en Venezuela, Dag Mork Ulnes.
Con el embajador ya habíamos tenido la ocasión de conversar en el 2004, mientras preparaba su mudanza para salir de Caracas, luego del referéndum revocatorio. Pero esta vez quisimos refrescar –una vez más- aquellos sucesos de la Embajada de Cuba en los cuales se ha querido inculpar al hoy candidato a la presidencia de la República, Henrique Capriles Radonski y por lo que pagó meses de cárcel y todavía se le endilgan culpas de las cuales el Embajador de Noruega desmiente.
¿Qué pasó ese día, luego que Bernardo Álvarez le pidió asilo?
—La situación toda era muy confusa, nos sentamos a ver juntos la televisión (Álvarez y el Embajador) y vimos que Capriles había entrado a la Residencia del Embajador de Cuba y ambos, estaban hablando. Bernardo me dijo que tenía que ponerme a disposición de Germán Sánchez Otero para mediar. Tomó de inmediato su celular, llamó al Embajador y me pasó el teléfono.  Pregunté si podía hacer algo por él, en el campo neutral y el Embajador me respondió textualmente: «No es necesario, todo está tranquilo, muchas gracias por su llamada, pero todo transcurre de manera ordenada».
Esto por supuesto se lo informé a Bernardo.

¿Y qué pasó, usted dio su versión a medios de comunicación en Venezuela?
—Sí, por supuesto, lo hice pero fui expuesto a una presión muy grande. Tanto telefónica como personalmente.

¿Por parte de quién fue esa presión?
—De Bernardo, fundamentalmente venía de él, ya para entonces él era Embajador en Washington e intentó por todos los medios que yo retirara la versión que había dado a través de una entrevista, pero siempre me negué a hacer tal cosa.

miércoles, 25 de abril de 2012



La salud del Presidente en 140 caracteres. 
El doctor José Rafael Marquina sostiene que tratamiento a Chávez ha sido errado. Sus fuentes le informan desde el CIMEQ por twitter y mensajes de texto el día a día del mandatario venezolano. No confirma si quienes le dan información son los mismos que dan datos a periodistas o a Roger Noriega.
Dice además que nadie lo ha desmentido


Así de categórico responde José Rafael Marquina, el famoso médico consultado por cientos de seguidores en su @marquina04 de Twitter, acerca de la enfermedad de Hugo Chávez. Agrega el médico que al Presidente lo operan porque le diagnostican un absceso pélvico y a los tres días la biopsia demuestra que es un cáncer, lo vuelven a operar y es Fidel Castro quien informa al mandatario diciéndole: “te vamos a ayudar y te vamos a tratar”.
¿Cómo sabe que esto se lo dijo Fidel? Es parte de la incógnita de esas fuentes que dan tantos detalles al médico sobre el cáncer, sus dolencias y tratamiento; tanto que en el momento que conversábamos, le llegó un mensaje que decía que el presidente Chávez paseaba por los jardines del Hospital CIMEQ de La Habana, en silla de ruedas.
Así comienza nuestra entrevista con el médico internista, tratante de desórdenes del sueño y con especialidad en pulmón, en el Hospital Physicians Regional de Naples, José Rafael Marquina: sentados en una sala de espera del segundo piso de ese hospital, uno de los cuatro donde trabaja el médico venezolano y magallanero, donde también tiene su oficina privada con 19 empleados.
Desde que el doctor Navarrete rompió el silencio de la enfermedad y dijo, según él con información de primera mano, que la situación del presidente Chávez era bastante delicada, los rumores, las informaciones oficiales y los desmentidos han corrido.
Un par de meses después, aparece Marquina ofreciendo información a través de medios en Miami, Argentina y en las redes sociales sobre la salud del Presidente, alegando tener fuentes confiables e insistiendo en que hasta la fecha nadie lo ha desmentido y que todo lo que ha dicho se ha ido confirmando.
¿De dónde logra usted obtener tanta información? Pregunta obligada, con una respuesta también obligada de no revelar la fuente. “Esa pregunta es imposible de responder. No voy a aludir a nadie”. No obstante, el doctor Marquina dice que no solo él maneja información, que hay tres periodistas más que lo hacen (dos venezolanos y uno brasileño), además del embajador Roger Noriega. Todos manejan fuentes confiables, dice, aunque hace silencio y cambia de tema al preguntarle si es la misma.

–¿Por qué habla usted de una cadena de errores?
–Originalmente se hablaba de un cáncer de colon y hacen todos los preparativos para tratarlo, envían radiografías a Boston y Brasil, y se determina que es un leiomiosarcoma de vejiga; y en vez de tratarlo como sarcoma, lo tratan como un cáncer de vejiga y aplican una quimioterapia equivocada con altas dosis de esteroides. No dan seguimiento al tumor, le hacen tomografía en octubre y luego en febrero, tiempo fatal para un tumor tan agresivo. Encuentran entonces que hay recurrencia, lo cual indica que el tratamiento no fue el adecuado. Otra de las preguntas incógnitas es por qué no le dieron radioterapia junto a la quimio, si aquella es bastante efectiva para tratar los dolores, por eso hablo de una cadena de errores. En esta etapa de la enfermedad cualquier otra intervención quirúrgica sería bastante riesgosa.
–¿De qué manera le ha afectado el tratamiento?
–Al presidente Chávez le han suministrado altas dosis de esteroides, lo que ha hecho que gane peso, podría tener supresión de las glándulas suprarrenales. Estas son algunas consecuencias de la enfermedad a largo plazo.
–¿Cuánto es largo plazo?
–Cuatro semanas, y en ese lapso podría tener pérdida de la densidad ósea y cambios emocionales. Porque los esteroides luego de este tiempo hacen que el cuerpo pierda sus defensas, lo que ha hecho que la enfermedad haga metástasis. El uso de esteroides ha sido otro error, esto ha sido de mucho consenso en la comunidad médica.
–¿Cuál es esa comunidad médica?
–Esa información fue dada fundamentalmente a varios médicos del Hospital Militar (Caracas) y coincidía con la información que el presidente Chávez había dado, cuando él dijo que tenía un tumor de 2 centímetros. Hay mucho hermetismo, nunca vamos a tener pruebas de ello. Pero nadie me ha desmentido.

IN CRESCENDO
José Rafael Marquina era un twittero de muy pocos seguidores y cuenta que cuando comenzó a hablar de la salud de Chávez los seguidores empezaron a aumentar hasta los más de 60 mil que hoy le consultan. Él trata de evitar rumores y dice protegerse de las malas intenciones de quienes quieren hacer amarillismo con el tema.
Volviendo al paciente, negó categóricamente que el grupo de médicos cubanos pueda tener relación con médicos de Estados Unidos, aunque sí se conoce la presencia de tratantes de Brasil.
–¿Quisiera usted tratar al Presidente?
–No, no me sentiría cómodo por muchísimas razones, lo que sí haría sería conseguirle, o más bien recomendarle, los mejores médicos en Venezuela y Estados Unidos.
–¿Ha tenido acceso a los informes médicos?
–No, pero insisto en que yo soy serio en mis afirmaciones, lo he dicho muy claro, esta es información que ha sido filtrada. Esto no es un juego de que yo tengo y que yo muestro, no quiero ser el vocero oficial del Presidente. Mi intención es informar desde el punto de vista médico. Cuando la información tiene sentido médico, la he dado a conocer y ha sido escrutada por el mundo entero y todo lo que yo digo tiene sentido. Tenía la esperanza de que alguien saliera a desmentirme y, lamentablemente, cada día que pasa hay más hermetismo, más rumores y se dicen cosas que no son ciertas.
–¿Ha sido amenazado?
–No, me han dejado mensajes pequeños, ofensivos, pero no amenazantes.
–¿Cómo ve la parte emocional del Presidente ante su enfermedad?
–Totalmente impredecible. Ojalá comprenda que es hora de reconciliar al país, lo que ocurre es que el Presidente tiene demasiado poder, todo el poder, y eso parece que está por encima de todo.
–¿Pero la enfermedad está por encima del poder?
–Claro que no, así que habrá que esperar.
–¿Volvería a Venezuela?
–Claro, porque no he cometido ningún delito. Me encantaría ir a la Feria del Sol en Mérida, comprarme una casita en Margarita, poder ir una vez al mes a mi país y sobre todo me gustaría tener la oportunidad de atender a pacientes completamente gratis; si algún hospital o clínica privada me permitiera sus espacios, esa sería mi contribución al país.
–¿Le interesa la política?
–Para nada, solo quisiera ser el manager de un juego Caracas-Magallanes. Soy magallanero.
–¿Cómo hace usted para responder a tanta gente en twitter?
–Gracias a la tecnología. Estos teléfonos me permiten en solo 30 segundos responder muchos mensajes. Tengo además mensajes ya grabados.

Ya levantándonos de la silla en la despedida, me leyó un par de mensajes de twitter que llegaban en ese momento de “su fuente”: “Está respondiendo a su tratamiento, pero ahora ha desarrollado dolor en la cadera, pues parece que tiene un tumor. Está recibiendo fisioterapia”.
Negó tres veces que Nelson Bocaranda fuese su mejor fuente. Luego pidió apagar el grabador y, antes de despedirnos, me leyó algunos datos más de esa fuente, sin revelarla. Uno de los mensajes decía: “se mueve en los jardines del CIMEQ en silla de ruedas”.

martes, 3 de abril de 2012

El cielo tendrá que esperar

Conejero, Chichicastenango, El Rastro o Camden Town, cualquiera de ellos me encanta igual, porque los mercados para mí siempre han sido lugares de obligada visita al llegar a un pueblo o ciudad. Es el espacio del encuentro, de vivencias reales, de negociaciones insólitas, caras autóctonas, vasos sudados de jugos de colores, olores de yerbabuena, loroco o izote, atoles, arepitas o tamales, son todo un festín de sabores para experimentar.
Pero además de mi pasión por esos lugares de común encuentro, visitar los cementerios también es costumbre y encanto. Son dos espacios vivos, aunque en uno vivan los muertos y se aparca la síntesis, el cierre y la totalidad –a veces la tranquilidad- y ese resumen de la vida que canta otro espíritu.
Lo que nunca me habría imaginado era la existencia de ambos espacios disputados entre vivos y muertos, en una especie de sincretismo y sin razón. Como si la espiritualidad del alma diera espacio a la miseria de la carne.
Y allí estaba yo de frente al infortunio, mientras buscaba el alma de los muertos entre tumbas, solo aparecían niños y mujeres preparándose para poner la mesa en el salón de un mausoleo que rinde culto a alguien, que sin duda vivió mucho mejor que ellos.
Entre majestuosas construcciones funerarias se muestra la tradición de una cultura exótica, amplia y desahogada, no tanto como la de los faraones en las pirámides, pero sí, cómodo espacio que alguna vez sirvió a los vivos para acompañar a sus muertos, hasta por cuarenta días en señal de duelo.
Entré en silencio por respeto a quienes allí descansaban, dudé de inmediato si en paz, cuando vi dos habitaciones, aquellas del duelo, convertidas en cocina y dormitorio, los niños gritaban y jugaban con hambrientos perros, mientras las mujeres abanaban ollas con olores parecidos a los de cualquier mercado.
Y es que en El Cairo hay más de un millón de cairotas que viven en las entrañas del pasado, haciendo vecindad con nobles egipcios. Les cuidan los mausoleos a cambio de que se les permita vivir allí. Cuando llegan los familiares de los muertos, son capaces de recoger todas sus pertenencias en minutos para dejar espacio al silencio y a los rezos.
Allí, entre una extravagante arquitectura se cruza el bullicio de la vida. Los habitantes de ese curioso lugar nos miraban como si fuéramos los verdaderos vivos en aquel paisaje de arte en la necrópolis. Un salón revestido en piedras diseñado seguramente como la Kaaba para los rezos, apuesta a la vida entre olores nauseabundos.
La relación con los difuntos es terrenal, Mustafá o Sinhué o Zaid, un anciano sudoroso que me miraba con ganas, estoy segura, de quererme contar su historia y yo habría dado cualquier cosa por escucharla, me marcaba el cuerpo con sus ojos, mientras que yo imaginaba su leyenda en la expresión de su rostro, en su mirada caída, perturbada tal vez por tantos años conviviendo con los muertos. Su huella con la vida se retrataba en aquellos pies desnudos y polvorientos.
Mi mente voló a Guatemala de inmediato, porque lo más extraño que había conocido –hasta ese momento- en materia de difuntos y flores, había sido la visita que los mayas hacían a sus muertos a través de inmensos barriletes los primeros de cada noviembre, pero eso era solo una toma momentánea del cementerio.
Las familias llegan y como por arte de magia, colorean todo, flores de papel y naturales adornan las  tumbas también de colores, candelitas con el significado del amor y del adiós. El delicioso fiambre, una comida típica del día, es roja, verde, blanca, morada, acompañada de tortillas negras y atol, se lo ofrecen a sus muertos, pero desde el paladar de los vivos.
El cielo abierto se abre –en el mejor momento de los vientos- para que los barriletes se crucen y entreguen los mensajes a esas almas. Pero allí termina todo y los muertos siguen descansando en paz.
Pero en la Ciudad de los Muertos o Al-Arfá no hay descanso, es un cementerio sin llanto y sin miedo. Tampoco hay paz, es una forma de vida que una histórica circunstancia social de desalmados gobernantes, ha marcado a estos millones de cairotas.
Desde una barbería hasta la venta de ropa, joyas de mala calidad y ese regateo propio de Chichicastenango, heredado tal vez de aquellos faraones,  pasa por los mausoleos como si estuviéramos en un mercado negociando la mercancía terrenal. No hay paz en los sepulcros. Los egipcios celebraban la muerte, las majestuosas arquitecturas funerarias, las pirámides, son el mejor testimonio. Pero también gozaban de la vida.
En este lugar no vi ni lo uno ni lo otro, solo la idea de que el cielo tendrá que esperar para que los cairotas encuentren viviendas y los nobles descansen en paz. 

domingo, 12 de febrero de 2012

"La injusticia es violencia contra la caridad"

Mi paso quedó marcado en el polvo, en medio de una plaza poco cuidada de la ciudad, donde niños y desempleados conjugan el mismo verbo en medio del desamparo. A la derecha una oficina pública, muy pública y una estación del METRO donde la gente acelera el caminar para alcanzarlo, esperando que funcione y que nadie haya decidido su final allí, ese día. A la izquierda una avenida grande, inmensa y descuidada, uno que otro kiosko con fritangas. Perros con miradas tristes y olor a abandono, cuerpos hambrientos, a la espera de quién sabe qué.
Ver niños en una plaza sería normal en cualquier ciudad, incluyendo la nuestra. Pero ver a un niño exhibir su desnudez con un trozo elemental de comida entre sus deditos, no lo es tanto. Verlo con señales de muerte temprana marcadas en su pancita, tampoco.
Lo particular, tal vez sea que él vive en la oficina pública, allí recibe migajitas de vivienda, de comida y de cobijo en una patria desarmada en pedacitos, sin encontrar un marco para volverla a armar. Pero eso sí, armada hasta los dientes para protegerla de quién sabe quién o de quién sabe qué final. En esas oficinas, se manejan papeles de qué se yo, y se negocia con Estados grandotes y millonarios mientras él duerme en el cubículo de al lado. La plaza es como el patio de su casa, solo que no le pertenece, tampoco podría tener las cosas que él quisiera, como un simple pollito,  una mata de mango,  un perro. No puede tener nada,  menos aún recuerdos, como esos que llegan cuando ya uno está grande y por años los ha guardado en algún lugar de la memoria y aparece el día –sin darnos cuenta-  que tu corazón los activa.
Mi tristeza no sé si se parezca siquiera a la de él que viene de un vientre carcomido por el hambre, un cuerpo que seguramente no tuvo cuidado alguno, una madre que le tocó escenificar la pobreza. Un embarazo como si «le hubiesen limpiado pulcramente el aparato digestivo», como lo diría el poeta Otto René Castillo; pero ahora recibe una limosna de lo mucho que le pertenece, eso que no se sabe adónde ha ido a parar, a los bolsillos de un desaliñado funcionario que ahora hace «negocios». Quién sabe si a paisajes extraños y diversos. Y me pregunto, ahora cuál será la misión en su vida.
Él, José, Yakson, guiliam o Yosner,  son los niños de la patria. Ellos forman parte de esas familias que en un eufemismo revolucionario se les llama «dignificados» como si a la gente se le dignificara con limosnas, como si la tristeza que a nosotros nos conmueve y a ellos los marca para siempre, no acabara con sus recuerdos y su infancia, como si la dignidad se pudiera canjear por caridad. Como si la falta de amor con la que viven no fuera evidente. Como si la desatención, el hambre, el sueño, el frío la insalubridad no les va a dejar una huella indeleble, esa que nunca se marcaron sus padres –en el meñique- para elegir un futuro cierto, distinto, digno.
La dádiva pretende paralizar su acción, mantenerlos en estado catatónico. Mientras tanto ese vacío en su aparato digestivo, no es ni tan grande cuando nos perdemos en el abismo de un espíritu hambriento.
Y es que la pobreza es como un estado de muerte. Inerte,  frío, donde nada ocurre, donde la energía que te anima a ser feliz no existe. Él, José, Yakson, Guiliam o Yosner están allí, esperando no una limosna, sino justicia, porque «La injusticia es violencia contra la caridad», en recuerdo a Mario Briceño Iragorry

domingo, 6 de noviembre de 2011

Caracas, ¿vieja? o ¿es hora de ver el futuro?

Caracas vieja, que te vas con los años 
En cada reja que dejamos de ver 
Se va un idilio, se va un romance 
Se va un recuerdo de nuestro ayer
Luis María Frómeta
Caracas es una ciudad que como la música, tiene diferentes ritmos. Puede pasar de ser una guaracha por el paso apuradito de sus habitantes que van corriendo a las ciudades dormitorios, a tomar el metro o alcanzar «una camionetica», hasta un bolero que cause dolor por el desamor y la indiferencia con la que se le trata. A Caracas se le impone un giro de improvisación en cada cumpleaños, como si ella no se diera cuenta. Es una ciudad sin concepto. Pero siempre está ahí, bulliciosa, lista y decidida para que se le quiera, porque si es cierto que ha sido maltratada, también lo es, que ha sido una ciudad querida y cantada.
Cantarle a Caracas ha sido un patrimonio de Luis María  Frómeta, a quien esta ciudad no lo vio nacer, pero lo recibió desde siempre, aquel 31 de diciembre de 1937 cuando lo hizo su más querido hijo adoptivo. No fue de la nada, él se ganó ese amor. Al principio pudo ser tan solo un compromiso y, nada más, pero después sin recato alguno le cantó -a través de la radio y en las noches de fiestas- ese inmenso amor. No sé si fue a primera vista, pero él mismo le declaró una vez a Isa Dobles en una entrevista: «el amor más descarado que he tenido en mi vida, es por Caracas». Indicios hay  muchos que dan fe de la pasión que demostró Billo’s a esta ciudad que siempre la vio con ritmo y en toda su belleza.
Bella Caracas, bajo su cielo, su luna y su sol
Todas las razas buscan fortuna, lindura y amor
Luces gloriosa con tus guirnaldas de cerros a tu alrededor
Caracas, ciudad hermosa
Tú eres bella
Caracas, la cuna del Libertador
 

Los caraqueños siempre tenemos algo qué decir de la Caracas de hoy, la de ayer y especialmente de esa que quisiéramos tener. No sé tampoco si será la del futuro o es una ciudad que solo está en los sueños de quienes aquí habitamos. Pero en todas las épocas ha sido una ciudad humilde, profana, canalla, agradable, querida por propios y extraños, deseada y por sobre todo maltratada. Reconocida más por sus sonidos que por sus olores, más por su bullicio que por sus espacios ciudadanos, es «La ciudad escondida» así la llamó una vez José Ignacio Cabrujas, creo que con nostalgia de lo que dejó de ser.

Lo cierto es que parte emblemática de esta ciudad está representada por el maestro Billo Frómeta, su orquesta, sus composiciones y todos esos recuerdos que hicieron posible inmortalizar una parte bonita de esta ciudad haciéndola más amable, más cercana y más feliz. Por lo menos en la música del maestro. Así que podemos entonces, vivir un pedazo de esa alegría gracias a la Billo’s que fue, la lengua gozona y divertida de la Caracas de cuatro generaciones.

Antes de continuar, hago la advertencia de que escribir sobre el maestro Billo Frómeta es un compromiso muy grande. Son demasiadas las cosas que se han dicho de él, pareciera que ya todo se sabe, que todo está escrito y no lo dudo. Además su recuerdo me lleva a un paisaje de emociones que a mí misma me asusta, porque no sé a dónde va a ir a parar este ejercicio si siguen apareciendo recuerdos de mi temprana edad. Por lo tanto me declaro en nostalgia permanente y segura, que los hilos invisibles de la subjetividad y mis propias pasiones, entre ellas el bolero y la ciudad,  por fortuna, marcarán estas líneas.
Y es que el bolero aunque asociado – en muchos casos,  por sus desgarradoras letras- al dolor, tristeza y desamor,  Billo’s lo colocó tan cerquita de las guarachas, los pasodobles, los danzones y chachachás que por esa misma cercanía, no sonaron nunca como material de duro despecho.
Palabras de mujer que yo escuché cerca de ti
Junto de mí muy quedo

No siempre el sufrimiento del amor plasmado en los boleros produce exactamente eso: sufrimiento.  Bailar con la orquesta de Billo’s era toda una experiencia corporal, cuando salías invitado por uno de estos boleros interpretados por Felipe Pirela, por ejemplo; rápidamente pasaba el cuerpo a cuerpo y empezaba un:
Si Bambarito no te cura ne’ no te cura ningún brujo
Eso si, yo recomiendo pa’ que cure tu bobera

Este movimiento te iba llevando suave y lentamente a una melodía que hasta ese momento había sido un tango, pero ya el Maestro lo había convertido en bolero y entraba nuevamente la desgarradora voz de Felipe Pirela:
Quiero emborrachar mi corazón para pagar un loco amor
Que más que amor es un sufrir…
…Nostalgia de escuchar su risa loca

Rápidamente había que estar listo para poner el acelerador en las caderas porque se acercaba Cheo García con Óyeme Cachita tengo una rumbita pa’ que tú la bailes como bailo yo…muchacha bonita, mi linda Cachita

Y así terminaba el primer mosaico de la noche, el #2, pero la sucesión de éstos era grandiosa y convenía sentarse un rato a tomar aliento.

Los mosaicos iniciaban con un bolero, eso sí era una regla. Así que desde Rafa Galindo, José Luis Rodríguez, Felipe Pirela y Eli Méndez, las voces de los boleristas de la orquesta se mimetizaban con esos grandes boleros, que aunque no eran propios, era un lenguaje muy particular. José Luis Moneró y Barbarito Díez eran las voces propias de Ojos Malvados  de Cristina Saladrigas. Si pensaba en ti para mí no era vida. Pero Felipe Pirela le dio un tono que lo convirtió en eso que llamábamos siempre «los boleros de la Billo’s» Igual sucedió con Frío en el alma, en la voz de José Luis Rodríguez (Mosaico #12), Dolor cobarde, Quisqueya, Para qué recordar, Nostalgia.
También fueron muchos los tangos convertidos en boleros como Sombras; Uno; Un cigarrillo, la lluvia y tú. El maestro Billo’s acercó tanto los boleros a otros géneros musicales que cuando los bailábamos, dependiendo siempre de con quién, esperábamos la complicidad de las guarachas para que se diera la nada ceremonial, pero si desordenada separación. También sucedía lo contrario, queríamos que los boleros se eternizaran antes de un Pare, pare cochero o Ayy que la vaca vieja está, y la vaca vieja, Bacosó ahe ahe, Bacosó;  Para Vigo me voy o la a veces temible guaracha El brujo, que nos hacía mover en diferentes direcciones y a pasos que no eran exactamente los más afinados de una guaracha, era un poco de locura.
Doña Pulula una tarde fue a leerse una baraja
Donde un brujo muy famoso allá en el pueblo de Jaima
…Para empezar la consulta, ponga una baraja así
Por ti por tu casa y por lo que sea
Fuera satanás

Y es que el maestro logró juntarnos a los venezolanos en un colectivo gozón al ritmo de esas guarachas en esas mágicas noches, cuando los boleros los convertía en son o en danzonetes y los danzonetes en danzón, los tangos en boleros y el chachachá hechos con sonidos de amor. Todo eso nos aseguraba el trasnocho. Hoy nos garantiza la nostalgia y el recuerdo.
La orquesta de Billo’s viajó por todo el territorio nacional mientras él, el maestro, dejaba también sus composiciones a la Valencia señorial, Pa’ Maracaibo me voy, Margarita…pero no hay discusión, el gran amor topográfico de Billo’s fue Caracas. Su Caracas, la ciudad que no lo vio nacer, pero que sí lo recibió desde su natal República Dominicana aquel año de 1937 cuando para salir tuvo que inventarle a la orquesta el nombre del dictador Trujillo, lo que no sabía ni él mismo es que esta «ciudad perdida» como alguna vez la llamó Cabrujas, lo seduciría por su belleza, sencillez y sinceridad de aquella época.
Fue mucha la tinta y las notas musicales dedicadas a Caracas, pero también la inspiración de  Isidoro, de los techos rojos, de las mujeres bonitas, de la media lisa de Donzella, de Jaime Vivas y de toda aquella ciudad que ya no están…ya no quedan ni el Roof Garden ni la Suiza, ni el frontón de jai a lai no existe ya. Escribió su epitafio, como lo hizo Reynaldo Arenas también.
En vez de una oración sobre mi tumba
El último compás de Alma Llanera

En un gesto de dolor y jocosidad le escribió al Metro y decía «cuando abrieron Caracas», no sospechaba Billo’s que las heridas de la ciudad seguirían allí abiertas ante la indolencia de sus propios habitantes, en las apetencias de quienes tienen la opción de ponerla bien bonita y de quienes improvisan, aprovechándose de un cumpleaños más para lanzarle pintura, pero las heridas están allí y sollozando como palabras de mujer.

«Es una ciudad incomprendida por gobernantes y ciudadanos. Nadie entiende que sus decisiones diarias, su actitud de limpieza y civismo podrían transformarla». Decía William Niño, el arquitecto que tanto amó a Caracas.

La ciudad es hoy mucho más que un viaje en tren, en ese Metro que se queda en sus entrañas porque alguna iguana se comió la luz. Es más que el mismísimo peligro que padecemos sus habitantes. Es el pasado mismo que nos alienta esa nostalgia. Pareciera que todo conspira en su contra y no termino de entender, cuál es la razón. Caracas es un espacio desordenado, donde intentamos rescatar parte del recuerdo. Vivimos un síntoma constante, es el de la nostalgia, pero no lo hacemos desde la tristeza sino desde el mal humor.

Billo’s su música y su lenguaje nos presentó otra ciudad, tal vez la que soñamos. No podemos decir que lo que sucedió alrededor de La Billo’s fue un movimiento musical; pero sí un conjuro que vio nacer en la ciudad una forma de vivir la noche que hoy alienta un recuerdo. Aunque Felipe Pirela en su mejor tono y acompañado de la orquesta, nos cantó
Para qué recordar
Si nos hace sufrir
Tratemos de olvidar
Para poder vivir

¿Será que es hora de ver el futuro? Caracas, Caracas.


viernes, 5 de agosto de 2011

¿El gran foro o una periquera?

La primera vez que me acerqué a él lo hice con mucha precaución, no sabía si al llegar descubriría rápidamente mis secretos o mi vida íntima o ¡qué sé yo! Por eso, un día le decía solo una pequeña frase, al otro día y al ver la respuesta me emocionaba y escribía un poco más. No precisaba mis detalles, mis datos ni mis coordenadas, esto era una nueva experiencia.
Transcurrían así nuestros primeros encuentros, cada vez que me acercaba sabía que algo tenía que decir. Debía exigirme mis mejores frases para que la respuesta fuera certera, adecuada, más bien oportuna, diría yo. Más de una vez he llegado allí, a él, sin hablar, solo observo en silencio. Y es que el silencio minimiza las angustias y te hace descansar de las exigencias de una conversación, un tema, un punto de vista.
Así pasaron semanas, meses y ya casi 3 años y aún sigo allí, recurrente cada mañana. Cada vez que me adentro a su mundo tengo una vida paralela, quiero seguir hablando y comunicándole injusticias. Me escapo, huyo de una realidad y entro en otra distinta y lo que la hace diferente es que esta la construyo yo, le pongo mis propias imágenes y selecciono las que quiero ver, es como diseñar tu propia ciudad.
Me siento solita, lo miro, lo leo, pero no profundizo. Es como dice la canción « un mundo raro», es un mundo distinto, él es otro mundo. Me parece un poco injusto convertirlo en el muro de mis lamentos, pero creo que haberlo encontrado y sin adoración ninguna, ha sido maravilloso, a pesar de tantas opiniones encontradas es objeto de estudio, de investigaciones, de opiniones.
Desde la primera vez, sentí en sus letras, algo divino que me atrapaba y me fundía en un espacio muy pequeño, que me ponía límites y a la vez me daba una inmensa libertad. ¡Qué contradictorio parecía aquello!
Todos los días hablamos del deterioro, de la ciudad, de la infamia, de las mentiras, de la agonía, de la muerte, hay chistes, infidelidades y piropos que ya no se dicen en la calle. Una cosa pareciera sinónimo de la otra. Me extravío entre tantas opiniones, hay amigos que me retoman.  Las cosas más hermosas allí no terminan en un abrazo, simplemente se manifiestan en una recomendación de amistad.
¡Cómo ha cambiado la vida!  
Ese es un gran foro, dice alguien, otro lo bautiza como la pajarera o una simple periquera y hay quien dice de él que es un cuadrilátero que te hace mover como si fueras el Cassius Clay de las frases cortas, para lograr que en tan solo 140 caracteres puedas alcanzar más seguidores, esa es la meta, no sé si la única, porque egipcios, iraníes, libios y otros gentilicios han convertido esas letras en lucha, las han transformado para hacer cambios, para tejer una red sin límites, igual en Paris que en Caracas, Praga o Higuerote, Catia, México, Los Roques o Brusselas. Allí se abren todas las ventanas, todas las puertas, todos los espacios. Nos encontramos para hablar de libertad, para parecer contestatarios. Tal vez porque al escribir nos ausentamos un poco de la realidad e inventamos una mejor. A veces creo que allí, en ese pedacito y en apenas 140 caracteres escondo la nostalgia.

martes, 26 de julio de 2011

Homenaje a Caracas en sus 444 años


Caracas vieja, que te vas con los años 
En cada reja que dejamos de ver 
Se va un idilio, se va un romance 
Se va un recuerdo de nuestro ayer
Luis María Frómeta
«Tratemos de olvidar, para poder vivir»
Caracas es una ciudad que como la música, tiene diferentes ritmos. Puede pasar de ser una guaracha por el paso apuradito de sus habitantes, que corren hacia las ciudades dormitorios, a tomar el metro o alcanzar «una camionetica», hasta un bolero que causa dolor por el desamor y la indiferencia con la que se le trata. A Caracas se le impone un giro de improvisación en cada cumpleaños, como si ella no se diera cuenta. Es una ciudad sin concepto. Pero siempre está ahí, bulliciosa, lista y decidida para que se le quiera, porque si es cierto que ha sido maltratada también lo es, que ha sido una ciudad querida y cantada.
Cantarle a Caracas ha sido un patrimonio de Luis María  Frómeta, a quien esta ciudad no lo vio nacer, pero lo recibió desde siempre, aquel 31 de diciembre de 1937 cuando lo hizo su más querido hijo adoptivo. No fue de la nada, él se ganó ese amor. Al principio pudo ser tan solo un compromiso, y nada más, pero después sin recato alguno le cantó -a través de la radio y en las noches de fiestas- a ese inmenso amor. No sé si fue a primera vista, pero él mismo le declaró una vez a Isa Dobles en una entrevista: «el amor más descarado que he tenido en mi vida, es por Caracas». Indicios hay  muchos que dan fe de la pasión que demostró Billo’s a esta ciudad a la que siempre vio con ritmo y en toda su belleza.
Bella Caracas, bajo su cielo, su luna y su sol
Todas las razas buscan fortuna, lindura y amor
Luces gloriosa con tus guirnaldas de cerros a tu alrededor
Caracas, ciudad hermosa
Tú eres bella
Caracas, la cuna del Libertador
 

Todas las ciudades han sido vistas por geógrafos, topógrafos, historiadores, cronistas, poetas, artistas, cantantes, y cada uno, ha tenido su perspectiva. Un Sabina, por ejemplo cantándole a Madrid o un Gardel a sus Buenos Aires querido, cuántos lo han hecho a México o a Guadalajara, Guadalajara, hueles a pura tierra mojada y es que en las ciudades, como lo dijo Uslar Pietri sobre la tierra, «se hace historia desde que el hombre las toca»

Los caraqueños siempre tenemos algo qué decir de la Caracas de hoy, la de ayer y especialmente de esa que quisiéramos tener. No sé tampoco si será la del futuro o es una ciudad que solo está en los sueños de quienes aquí habitamos. Pero en todas las épocas ha sido una ciudad humilde, profana, canalla, agradable, querida por propios y extraños, deseada y por sobre todo maltratada. Reconocida más por sus sonidos que por sus olores, más por su bullicio que por sus espacios ciudadanos, es «La ciudad escondida» así la llamó una vez José Ignacio Cabrujas, creo que con nostalgia de lo que dejó de ser. Habla de lo imposible que es re andar Caracas, cómo se nos pierde. ¿Volver de nuevo al lugar donde naciste? Eso es una odisea –y esto lo digo yo, tomando prestadas,  reflexiones de José Ignacio en ese mismo ensayo.

Lo cierto es que parte emblemática de esta ciudad está representada por el maestro Billo Frómeta, su orquesta, sus composiciones y todos esos recuerdos que hicieron posible inmortalizar una parte bonita de esta ciudad haciéndola más amable, más cercana y más feliz. Por lo menos en la música del maestro. Así que podemos entonces, vivir un pedazo de esa alegría gracias a la Billo’s que fue, la lengua gozona y divertida de la Caracas de cuatro generaciones.

Antes de continuar, hago la advertencia de que escribir sobre el maestro Billo Frómeta es un compromiso muy grande. Son demasiadas las cosas que se han dicho de él, pareciera que ya todo se sabe, que todo está escrito y no lo dudo. Posiblemente lleno de lugares comunes. Me pregunto entonces si ¿acaso no es ahí en ese  «lugar común» donde nos encontramos para bailar?
Así que digo sin aspavientos que su recuerdo me lleva a un paisaje de emociones que me asusta, porque no sé a dónde va a ir a parar este ejercicio si siguen apareciendo imágenes de mi temprana edad. Por lo tanto me declaro en nostalgia permanente, y segura que los hilos invisibles de la subjetividad y mis propias pasiones, entre ellas el bolero y la ciudad,  por fortuna, marcarán estas líneas.
Y es que el bolero aunque asociado – en muchos casos,  por sus desgarradoras letras-  al dolor, tristeza y desamor,  Billo’s lo colocó tan cerquita de las guarachas, los pasodobles, los danzones y los chachachás que por esa misma cercanía, no sonaron nunca como material de duro despecho.
Palabras de mujer que yo escuché cerca de ti
Junto de mí muy quedo

No siempre el sufrimiento del amor plasmado en los boleros produce exactamente eso: sufrimiento.  Bailar con la orquesta de Billo’s era toda una experiencia corporal, cuando salías invitado por uno de estos boleros interpretados por Felipe Pirela, por ejemplo; rápidamente pasaba el cuerpo a cuerpo y empezaba un:
Si Bambarito no te cura ne’ no te cura ningún brujo
Eso si, yo recomiendo pa’ que cure tu bobera

Este movimiento te iba llevando suave y lentamente a una melodía que hasta ese momento había sido un tango, pero ya el Maestro lo había convertido en bolero y entraba otra vez  la voz de Felipe Pirela, melancólica y hasta desdichada:
Quiero emborrachar mi corazón para pagar un loco amor
Que más que amor es un sufrir…
…Nostalgia de escuchar su risa loca

Rápidamente había que estar listo para poner el acelerador en las caderas porque se acercaba Cheo García con Óyeme Cachita tengo una rumbita pa’ que tú la bailes como bailo yo…muchacha bonita, mi linda Cachita

Y así terminaba el primer mosaico de la noche, el #2, pero la sucesión de éstos era grandiosa y convenía sentarse un rato a tomar aliento.

Los mosaicos iniciaban con un bolero, eso sí era una regla. Así que desde Rafa Galindo, José Luis Rodríguez, Felipe Pirela y Eli Méndez, las voces de los boleristas de la orquesta se mimetizaban con esos grandes compositores de boleros, con arreglos propios siempre. Era un lenguaje muy particular. José Luis Moneró y Barbarito Díez eran las voces propias de Ojos Malvados  de Cristina Saladrigas. Si pensaba en ti para mí no era vida. Pero Felipe Pirela le dio un tono de evocación que lo convirtió en eso que llamábamos siempre «los boleros de la Billo’s» Igual sucedió con Frío en el alma, en la voz de José Luis Rodríguez (Mosaico #12), Dolor cobarde, Quisqueya, Para qué recordar, Nostalgia, estos tampoco se salvaron de ese tono particular, que de alguna manera nos alejaba del despecho. Aunque reconozco que podía colocarnos en un modo de melancolía del que rapidito salíamos.
También fueron muchos los tangos convertidos en boleros como Sombras; Uno; Un cigarrillo, la lluvia y tú. El maestro Billo’s acercó tanto los boleros a otros géneros musicales que cuando los bailábamos, dependiendo siempre de con quién, claro, esperábamos la complicidad de las guarachas para que se diera la nada ceremonial, pero si desordenada separación. También sucedía lo contrario, queríamos que los boleros se eternizaran antes de un Pare, pare cochero o Ayy que la vaca vieja está, y la vaca vieja, Bacosó ahe ahe, Bacosó;  Para Vigo me voy o la a veces temible guaracha El brujo, que nos hacía mover en diferentes direcciones y a pasos que no eran exactamente los más afinados de una guaracha, era un poco de locura.
Doña Pulula una tarde fue a leerse una baraja
Donde un brujo muy famoso allá en el pueblo de Jaima
…Para empezar la consulta, ponga una baraja así
Por ti por tu casa y por lo que sea
Fuera satanás

Y es que el maestro logró juntarnos a los venezolanos en un colectivo gozón al ritmo de esas guarachas en aquellas noches, cuando los boleros los convertía en son o en danzonetes y los danzonetes en danzón, los tangos en boleros y el chachachá hechos con sonidos de amor. Todo eso nos aseguraba el trasnocho. Hoy nos garantiza la nostalgia y el recuerdo.
La orquesta de Billo’s viajó por todo el territorio nacional mientras él, el maestro, dejaba también sus composiciones a la Valencia señorial, Pa’ Maracaibo me voy, Margarita…todo esto sin hablar de los múltiples viajes al exterior, pero no hay discusión que el gran amor topográfico de Billo’s fue Caracas. Su Caracas, la ciudad que no lo vio nacer, pero que sí lo recibió desde su natal República Dominicana aquel año de 1937 cuando para salir tuvo que inventarle a la orquesta el nombre del dictador Trujillo, lo que no sabía ni él mismo es que esta «ciudad escondida» como alguna vez la llamó Cabrujas, lo seduciría por su belleza, sencillez y sinceridad de aquella época.
Fue mucha la tinta y las notas musicales dedicadas a Caracas, pero también la inspiración de  Isidoro, de los techos rojos, de las mujeres bonitas, de la media lisa de Donzella, de Jaime Vivas y de toda aquella ciudad que ya no está…ya no quedan ni el Roof Garden ni la Suiza, ni el frontón de jai a lai no existe ya. También escribió su propio epitafio, como lo hizo Reynaldo Arenas.

En vez de una oración sobre mi tumba
El último compás de Alma Llanera

En un gesto de dolor y jocosidad le escribió al Metro y decía «cuando abrieron Caracas», no sospechaba Billo’s que las heridas de la ciudad seguirían allí abiertas ante la indolencia de sus propios habitantes, en las apetencias de quienes tienen la opción de ponerla bien bonita y de quienes improvisan, aprovechándose de un cumpleaños más para lanzarle pintura, pero las heridas están allí y sollozando como palabras de mujer.

«Es una ciudad incomprendida por gobernantes y ciudadanos. Nadie entiende que sus decisiones diarias, su actitud de limpieza y civismo podrían transformarla». Decía William Niño, el arquitecto que tanto amó a Caracas. Pero Aldemaro Romero, nos decía: No me despiertes de mi sueño, porque estoy soñando que soy caraqueño. En fin, pasiones, formas de verla, todas por amor.

La ciudad es hoy mucho más que un viaje en tren, en ese Metro que se queda en sus entrañas porque alguna iguana se comió la luz. Es más que el mismísimo peligro que padecemos sus habitantes. Es el pasado mismo que nos alienta esa nostalgia. Pareciera que todo conspira en su contra y no termino de entender, cuál es la razón. Caracas es un espacio desordenado, donde intentamos rescatar parte del recuerdo. Vivimos un síntoma constante, es el de la nostalgia, pero no lo hacemos desde la tristeza sino desde el mal humor.

Billo’s su música y su lenguaje nos presentó otra ciudad, tal vez la que soñamos. No podemos decir que lo que sucedió alrededor de La Billo’s fue un movimiento musical; pero sí un conjuro que vio nacer en la ciudad una forma de vivir la noche que hoy alienta un recuerdo. Aunque Felipe Pirela en su mejor tono y acompañado de la orquesta, nos cantó
Para qué recordar
Si nos hace sufrir
Tratemos de olvidar
Para poder vivir

¿Será que es hora de ver el futuro? Caracas, Caracas.